viernes, 5 de noviembre de 2010

Segunda Cita-Silvio-Segunda oprtunidad




A veces, la niebla invade no solo la ciudad, como hoy sino también el alma.

Cuando empecé esta aventura lo hice como "terapia", sin saberlo, sin intención.

Segunda Cita y mi querido Silvio me dió una segunda oportunidad de volver a recuperar lo que un día, sin enterarme, había dejado pastando...y desapareció.

Quise plasmar lo bueno, con lo que disfruto, mi unicornio azul que hacía tiempo no veía.

Quise dedicarlo a las personas que más quiero, para que ellos no perdieran nunca sus unicornios de colores.

Quise quizás llenar un hueco, y como dije en la primera entrada, creí que era el momento de empezar algo nuevo.

Intimidades, las justas. Pero compartirlo me pareció una buena idea.

Ahora, no estoy segura de seguir. A veces, las personas que están cerca no conocen algunas cosas y desconocidos opinan sobre ellas.

¿Tiene sentido seguir buscando aquel unicornio?...

jueves, 4 de noviembre de 2010

En un lejano país

Había una vez, en un lugar muy lejano, un país que se creía el dueño del mundo. En él se encontraban todas las riquezas, los mejores barcos, las playas más maravillosas, los paisajes más diferentes y bonitos que jamás se hayan conocido.
Un día, el rey quiso saber qué había detrás del horizonte, del mar y de la tierra y mandó a su mejor capitán con fuertes barcos para que lo averiguaran por mar y una inmensa caravana por tierra.
En este viaje se descubrieron muchas cosas y grandes riquezas, no solo de oro y plata sino de alimentos necesarios para la vida y objetos muy variados e interesantes: la patata de América del Sur, el café de Colombia, el arroz de China, el algodón de Brasil, las maravillosas especias de los paises orientales, el cuero con su olor famoso del Norte de África, los famosos balones de futbol de Pakistán, la lana de las ovejas de Argentina, el coco refrescante del Caribe, y un etc. etc. grande, grande, pues las cosas encontradas y traídas de estos paises fueron contadas por miles. Con deciros que llegó hasta la pizza de Italia...
Cuando el rey vió tanta riqueza se la dió a su pueblo.
Los años fueron pasando y al pueblo se le olvidó que un día ellos recibieron tantos dones.
Un día, al despertarse, el rey observó llena la plaza de su ciudad de gentes muy diferentes.
"¡Qué raras son estas personas!", y se preguntó: "¿Dónde está mi pueblo?,¿de dónde vendrán?, ¿qué querrán?"
Todos gritaban. "Tenemos hambre, queremos trabajo, os necesitamos".
Pero el rey se asustó y cerró las puertas del palacio. Entonces todos se unieron y le mandaron una carta diciendo:
"Su majestad, queremos que nos devuelva lo que nos pertenece: nuestro café, nuestro cuero, nuestra lana, nuestro oro y plata... Tenemos necesidades, nuestros hijos pasan hambre, nuestras mujeres no saben leer. Nuestros abuelos aún siguen trabajando, nuestros campos están arrasados, no tenemos mucho dónde elegir. Si no nos deja estar en su reino por lo menos devuélvanos lo que nos pertenece."
El rey, al leer esto, no pudo dormir y estuvo toda la noche pensando. Tienen razón, nos trajimos lo suyo y ahora no queremos compartir. No sé que hacer.
De pronto tuvo una idea. Llamó a todos los sabios del reino y les consultó: ¿qué debo hacer? Ellos sabían que el rey quería ayudar pero sin perjudicar a su pueblo:
"Su majestad", le dijeron," ¿por que no consulta al pueblo y hace lo que le digan?"
"¡ Maravilloso!", contestó el rey. Y así lo hizo.
El pueblo fue convocado: ancianos, mujeres, niños, hombres, jóvenes... Todos estaban en las urnas para votar lo siguiente:
"Compartimos nuestra vida, nuestra comida, nuestro trabajo, nuestro sol, nuestra alegría.... con los que llaman a nuestro país."
El "SI" fue la mayoría. El rey vió el corazón de su pueblo y las personas que llegan a este reino no solo tienen lo suyo sino que se enriquecen con lo nuestro. Desde ese momento el país cambió de nombre. Ahora se llama...España?

martes, 26 de octubre de 2010

El hilo del tiempo

Javier era un niño de diez años muy especial: le gustaba soñar con los ojos abiertos. Sobre todo en el cole, cuando la lección no le gustaba, se le ocurría de todo. La profe, que lo consideraba inteligente, aunque un poco vago, le preguntó un día, algo enfadada:
-Javi,¿qué estás pensando?

Javier le contestó:
-Estoy imaginando qué haré cuando sea mayor.

-Anda,anda, disfruta de esta edad maravillosa y espera que los años de juventud vengan lentamente.

Javier no entendió esas palabras. Á él no le gustaba esperar. Cuando era invierno y patinaba sobre el hielo ya estaba deseando que llegara el verano para poder nadar; cuando llegaba el verano, deseaba que llegara el otoño para jugar con su cometa en el campo.

Javier tenía una amiga, Carmen. Cuando la veía pensaba: -Me gustaría casarme con ella. ¿Por qué no seremos mayores ya?

Si, el deseo de Javier siempre era el mismo:-¿Por qué el tiempo no corre más?¡No quiero esperar, quiero tener las cosas ya!

Un día, después de correr por el campo se sentó a descansar bajo un árbol. Una anciana lo miraba con dulzura y le enseñó una caja plateada de la que salía un "hilo" y le dijo:
-Mira, Javier. Este hilo tan fino es el hilo de la vida. Si quieres que el tiempo corra, no tienes más que tirar de él. Un poquito de hilo corresponde a una hora de vida. Sólo te mando una cosa. No se lo digas a nadie. Toma y ¡buena suerte!

Javier se metió la caja en el bolsillo y volvió a su casa. Un día después, la profesora lo vió mas distraido que nunca y lo riñó. Javier estaba harto de tantas reprimendas y pensó en utilizar el "hilo" para acortar la jornada en la escuela. Cada mañana tiraba un poco del hilo y apenas empezaba la clase oía la voz de la profe que decía:
-La clase ha terminado, podéis marcharos.
Y Javier se iba a jugar.

A los pocos días, empezó a pensar:-¡Qué bien si pudiera empezar a trabajar!

Una noche daba vueltas y mas vueltas en la cama y tardaba mucho en dormirse. Decidió dar un gran estirón al hilo. A la mañana siguiente se despertó ya con bigote, y trabajaba de ingeniero en una fábrica. Era muy feliz con su trabajo, y tiró un poco más del hilo justo para que llegara el final de mes y poder cobrar.

Un día se acordó de Carmen. la buscó por todas partes y finalmente la encontró.
-¿Quieres casarte conmigo?-le preguntó sin dudarlo.
Carmen le dijo que sí sonriendo pero deberían esperar un tiempo porque aún no se conocían mucho.

Javier le dió otro estirón al hilo y llegó el día de la boda. Fué maravillosa, pero Javier se puso triste porque en medio de la fiesta cayó en la cuenta de que su madre ya tenía los cabellos grises. Se arrepintió entonces de tirar tanto del hilo y prometió no hacerlo más.

Así mantuvo la promesa durante tres años, hasta que un día Carmen le dijo sonriendo que esperaba un hijo. "Esperar" era una palabra prohibida para Javier. No resistió la tentación de abrazar cuánto antes a su hijo y empezó a tirar del hilo un poquito cada día. Una noche tiró demasiado y, a la mañana siguiente se encontró que era más viejo y ya tenía dos hijos: uno en al escuela y el otro en la Universidad. Así, volvió a las andadas: cada vez que tenía un problema, tiraba del hilo...

Una mañana Javier, mientras se afeitaba, descubrió que su pelo empezaba a hacerse blanco. Se sentía cansado e insatisfecho. Ahora su casa estaba vacía. Carmen,¡cómo había envejecido! Mas aún, tenía vacío el corazón. Todo había pasado tan deprisa que no tenía ganas de recordar.-Todo ha pasado como un soplo-, se decía pensativo.

Un día, paseando, se encontró con la anciana que le regaló la caja y lo llamaba:

-Javier, ¿cómo te ha ido?¿El hilo mágico te ha proporcionado la felicidad que buscabas?

Javier, cabizbajo, dijo susurrando:-No sé, todo ha corrido tanto...



Si algún día encuentro una cajita plateada con un hilo colgando pienso correr y correr y lanzarla tan lejos... que mis hijos no puedan nunca encontrarla.

jueves, 21 de octubre de 2010

PATXI ANDION - Veinte Años.wmv

¿Veinte años? Tantas cosas se comenzaron hace veinte años. Tantas ilusiones, hace veinte años. Todo ha cambiado en este tiempo.

Ya no somos nadie los mismos que hace veinte años...

Todo ha cambiado menos su voz. Patxi, he vuelto a encontrarte, quizás despues de veinte años.